Ponencia del Movimiento Juvenil Bolivariano
Desde la independencia de España, nuestro país ha estado sometido por la oligarquía criolla a la violencia como método para adueñarse del poder, mantener sus privilegios, apoderarse de los dineros públicos, de las riquezas naturales, y auspiciar las guerras internas a costa del empobrecimiento y marginalidad de la mayoría de los colombianos. Fue Simón Bolívar con su ejército de libertadores quien visionó que antes que las rivalidades entre nosotros mismos, era necesaria la unidad de los estados y pueblos para enfrentar la amenaza de la reconquista, anteponiendo la independencia de nuestras naciones a los intereses personales y ambiciones económicas.
La aristocracia criolla mostró su perversidad desde los albores de nuestra emancipación; el proyecto bolivariano de la Gran Colombia, la unidad latinoamericana, la libertad de los esclavos, la educación popular, entre otros humanistas y avanzados planteamientos, chocaban contra sus intereses, lo que los incitó a fraguar varios atentados contra la vida del Libertador y ha cometer el artero crimen de asesinar al mariscal Antonio José de Sucre; de ésta forma la naciente oligarquía santanderista inicia el genocidio de lideres populares en nuestra vida republicana.
Posteriormente esta camarilla de oligarcas fratricidas, bajo el esquema de confrontación entre liberales y conservadores, involucró al pueblo en más de setenta guerras civiles, donde se registraron las mismas escenas crueles que hoy repiten los paramilitares en todo el territorio nacional, donde la decapitación con hacha y machete en la plazas públicas, la quema de viviendas, el desplazamiento y el robo de tierras son sus prácticas favoritas.
En la medida en que se desarrollaba el capitalismo en Colombia, sus representantes liberales y conservadores continuaron la violencia ya no partidista, sino contra la clase trabajadora, los campesinos y estudiantes; así es como en 1928 cometen la masacre de cientos de trabajadores de las bananeras del Magdalena y el 8 de junio de 1929 bajo el gobierno de Abadía Méndez cae asesinado por las balas del Estado el estudiante Gonzalo Bravo Pérez, cuando protestaba por mejoras en la prestación de servicios públicos y la masacre mencionada.
La intolerancia violenta del régimen se hace sentir nuevamente con el asesinato del caudillo popular Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 en plena plaza de Bolívar, en un momento en que era firme candidato para asumir la presidencia de la república. Sus tesis a favor de los obreros, campesinos, estudiantes y desposeídos a los que llamó ??el País Nacional? eran opuestas a los intereses de la burguesía colombiana y el imperialismo norteamericano quienes fraguaron su asesinato. Esto condujo el levantamiento popular en campos y ciudades, incendio de entidades gubernamentales, ejecución de representantes del gobierno e incluso la toma de algunas administraciones.
Esta intolerancia política del régimen, sumada a la pobreza del campesinado, sin salud, educación y sin la tierra, su principal fuente de subsistencia, fueron las causas que motivaron la conformación de grupos guerrilleros liberales en los llanos orientales, Huila, Tolima, y Caldas, que luchaban por defender su vida de la policía chulavita o paramilitares de esos años y en defensa de un pedazo de tierra dónde subsistir. Por esta misma época de los años 50 la represión también golpea al estudiantado con el asesinato en predios de la Universidad Nacional de trece estudiantes entre los que se encontraba Uriel Gutiérrez, reconocido líder estudiantil, dejando además un sinnúmero de heridos. Los estudiantes conmemoraban el asesinato de Bravo Pérez y protestaban contra la dictadura de Rojas Pinilla. Cabe destacar que fue el de los estudiantes uno de los sectores sociales más beligerantes contra dicha dictadura.
Luego, con el argumento de que había que superar la violencia de los años 50 se propuso una amnistía para que los grupos guerrilleros depusieran las armas y se desmovilizaran. No obstante fueron traicionados, ya que a muchos los asesinaron posteriormente como a Guadalupe Salcedo, comandante de guerrillas liberales, y de otro lado las peticiones campesinas jamás se cumplieron.
La negativa de los gobiernos a realizar una verdadera reforma agraria; la represión estatal, la precaria asistencia en salud, educación y empleo dio origen a las guerrillas comunistas, que no sólo luchan por defender sus vidas y conseguir mejoras sociales sino también por transformar profundamente los cimientos de la sociedad colombiana, mediante la toma del poder por el pueblo y para el pueblo, e instaurar un nuevo Estado, socialista, donde la tierra y la riqueza sea distribuida equitativamente, donde el pueblo viva la verdadera democracia en paz con justicia social.
Cabe destacar la presencia que tuvo y sigue teniendo el movimiento estudiantil en las guerrillas revolucionarias. Hernando González en la resistencia de Marquetalia fue ejemplo de lucha, así como muchos estudiantes de las diferentes universidades y colegios públicos del país.
Pese a la valiosa y legitima resistencia del movimiento armado y popular, las causas sociales, políticas y económicas que originaron la confrontación, han sido profundizadas con la implantación del neoliberalismo y la globalización, que ha conllevado a la privatización de escuelas y universidades, negando el derecho a la educación a miles de colombianos, privilegiando el acceso a esta para unos pocos pudientes; produciéndose la deserción escolar por carencia de recursos para continuar; el cierre o privatización de hospitales, la privatización de la luz, el agua, el aseo, la recreación, la cultura y el deporte y en fin aumentando el estado de pobreza y miseria de los colombianos.
La respuesta de los gobiernos y sobretodo del fascista Álvaro Uribe Vélez ha sido el terrorismo de Estado como forma de acallar y criminalizar la protesta popular, aplicando los lineamientos de la Doctrina de Seguridad Nacional, que bajo la idea del enemigo interno señala y elimina a todo el que proteste o se manifieste en contra de las políticas oficiales. Dicha doctrina fue impuesta por los EEUU desde los años 50 a todos los pueblos que luchan por su liberación.
Por todo lo anterior, nos negamos como jóvenes y estudiantes a prestar el servicio militar a unas instituciones que asesinan campesinos, estudiantes, obreros, líderes cívicos y populares; que masacran, allanan y capturan masivamente sin justificación alguna, amparados en el paramilitarismo. Nos negamos a prestar el servicio a un gobierno fascista que irrespeta nuestras opiniones, creencias, ideas políticas y pensamiento; ponemos nuestra voluntad, alegría y rebeldía al servicio de un ejército patriota como lo concebía el Libertador Simón Bolívar, que defienda nuestra soberanía, que respete los derechos humanos, que esté al servicio de los intereses populares y no apunte sus armas contra el pueblo.
Rechazamos igualmente el Plan Colombia y la estrategia de guerra total impuesta por el Gobierno fascista de Uribe Vélez y del gobierno norteamericano, como salvación a un conflicto que tiene causas sociales, políticas, económicas. Objetamos la descomposición, mezquindad y corrupción de la oligarquía liberal - conservadora, que ha hecho del robo de los dineros públicos una forma de incrementar su riqueza. Así mismo abogamos por un intercambio humanitario que ponga fin a la situación de los prisioneros de guerra tanto de la insurgencia como del Estado, como mecanismo político que sólo depende de la voluntad del gobierno, que pese a estar dadas las condiciones, y siendo ese el clamor nacional, se niega a pactar; en una franca posición guerrerista y mostrando un desinterés total por sus oficiales y servidores públicos, hoy cautivos en las selvas colombianas.
Como estudiantes bolivarianos que luchamos legítimamente desde la clandestinidad, proponemos:
Una solución política dialogada al conflicto social y armado que vive el país, que resuelva las causas sociales, políticas y económicas que lo han generado.
La lucha por el derecho a la objeción de conciencia al servicio militar, por nuestras creencias, ideas, pensamiento y religión; la prestación de un servicio social y educativo que responda a las necesidades de la población y la conformación de unas fuerzas militares bolivarianas, guiadas por el ideario que tuvo nuestro ejército libertador en defensa de la patria, la soberanía nacional y respetuosa de los derechos humanos.
Consideramos urgente la conformación de un poder moral que juzgue a los funcionarios públicos corruptos que se enriquecen con los dineros del pueblo.
La implementación del intercambio humanitario de prisioneros de guerra entre Estado e insurgencia.
Que cese la represión, asesinato y persecución de los estudiantes; defendemos los colegios y universidades como campos para la democracia y el saber y no para la represión oficial.
Denunciamos el llamado estatuto antiterrorista que permite los allanamientos sin orden judicial, el poder a los militares de aportar pruebas y las detenciones sin prueba como medidas de regímenes fascistas.
¡Unamos esfuerzos y esperanzas para construir la Nueva Colombia!